Aquí les presentamos una serie de análisis y de artículos sobre la situación de la clase obrera en México y las alternativas organizativas que proponemos y desarrollamos los sindicalistas Revolucionarios de la CTR
Las franquicias
y el Neoskingate
Existe una forma que han utilizado los patrones para evadir su responsabilidad laboral que consiste en evitar la inversión y los gastos que significan los salarios y prestaciones de la fuerza de trabajo, esta manera es a través de la venta de la marca, comúnmente conocida como franquicia, de ese modo se le endosan las responsabilidades laborales a terceros.
Ahora bien, también existen algunas seudo empresas que se aprovechan de las necesidades económicas de los trabajadores y se dedican al engaño y al fraude, dedicadas principalmente a la promoción y venta de todo tipo de artículos y niegan las mínimas prestaciones, y cuando llegan a la empresa las demandas laborales de los trabajadores, simplemente se dan a la fuga.
La empresa Operadora Definite, S.A. de C.V. de la cual son patrones la señora Guadalupe Garza Martínez y Javier Garza Martínez, de la familia de los Garza Sada del Grupo Femsa y Grupo Monterrey -de filiación panista-; han utilizado estas dos maneras de operar fraudulentamente para dejar en estado de indefensión tanto a los trabajadores como a los franquicitarios de esta empresa, conocida como Neoskin y que ya los medios de comunicación han denominado como Neoskingate.
Es así que el sábado 1º de noviembre todas las sucursales de la República e incluso de otros países, donde se encontraba establecida esta empresa dedicada a la depilación, fueron desmanteladas sin previo aviso.
A los mismos franquicitarios que durante todo el tiempo no habían obtenido ganancia alguna, sólo se les notificaba estar en números rojos, sin embargo, ya habían pagado la maquinaria, por lo que fueron prácticamente robados y son los responsables de absorber hoy la relación laboral con los trabajadores.
Cuando intentaron localizar a los dueños de la marca, sólo fue para darse cuenta que habían abandonado el país y al parecer disfrutan de las ganancias de este cuantioso fraude en Brasil. Por lo que estos fraudes no quedan aquí, pues se le agregan los fraudes a la clientela que ya había pagado por el servicio y que se cuantifican en millones, por lo que a las demandas laborales y mercantiles hoy se le suman las demandas de carácter penal y en la Procuraduría Federal del Consumidor.
A lo anterior se suma el fraude hecho a los trabajadores de Neoskin por parte de la organización sindical que administraba un Contrato Colectivo de Trabajo de los llamados “de protección” y que es dirigido por la charra cetemista Margarita Muñoz Ortega, por cierto representante obrera de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal y que maneja miles de contratos colectivos de protección, entre ellos los de las tiendas departamentales Gigante.
Todo lo anterior, sólo viene a ratificar los planteamientos de la necesidad de la organización sindical revolucionaria y la defensa de las conquistas laborales de la clase trabajadora. La realidad es más necia que todos los argumentos conciliadores de los oportunistas, que intentan por todos los medios convencer de las bondades del sistema y pretenden reformar la actual ley laboral para contar con una ley a modo de los explotadores.
Precisamente en el fondo de los intentos de reformar la Ley Federal del Trabajo, existe la idea de legalizar todo este tipo de atropellos a los derechos laborales y a los intereses de la clase obrera y los trabajadores en general. Por lo que la rebelión consciente y organizada en contra del orden burgués existente, ya se ha convertido en una imperiosa necesidad, no sólo para detener la actual ofensiva del capital en contra de la clase trabajadora, sino para acabar con la esclavitud asalariada
Publicado de Vanguardia Proletaria No. 302
La clase más revolucionaria
de la sociedad
Una clase social consecuentemente revolucionaria
La clase proletaria encarna la negación del capital y la afirmación del comunismo, porque es una clase que es indispensable para la sociedad burguesa pues vive a costa de su explotación; pero al mismo tiempo el proletariado está excluido de esta sociedad, como hombres privados de propiedad.
Sólo existe para la explotación, no existe para sí mismo, sino para otros; el trabajo y el conjunto de sus cualidades humanas le son privadas. Vivir explotado, esto significa para el proletariado que le son saqueadas todas sus cualidades físicas, intelectuales, morales. Es un sujeto revolucionario porque no podrá despojarse de todo esto más que destruyendo al capital.
La diferencia fundamental entre el esclavo, el siervo y el proletario, es que éste último en la lucha contra la explotación, asume por primera vez en la historia el papel de sujeto revolucionario, es decir, con un proyecto de clase propio, pero valido para toda la humanidad, porque el proyecto y realización histórica del proletariado, es el comunismo: significa la producción y el consumo colectivos, y la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción.
La clase obrera es la que produce y reproduce las relaciones de producción capitalistas, la que proporciona todo el trabajo productivo; ninguna clase ha tenido jamás tanto poder productivo y creador; no hace falta más que ver a nuestro alrededor, toda las inmensas construcciones, el desarrollo tecnológico descansa sobre las espaldas del proletariado.
Salvo la clase obrera todas las demás clases, que han aspirado y tomado el poder, han sido explotadoras. El proletariado necesita abolir la explotación del hombre por el hombre.
En el seno de esta clase se encuentran los elementos y las condiciones que permiten asegurar el desarrollo de la producción incorporada a los procedimientos más avanzados de la ciencia y la técnica, porque a diferencia de otras clases, tiene garantizada su existencia como clase, pues a medida que avanza el capital, crecen numéricamente sus fuerzas y se diversifica.
Además, es la única clase que -objetivamente- representa los intereses de los movimientos revolucionarios, es la única clase consecuentemente anti-imperialista y antifascista, está en contra de la propiedad privada, y por lo tanto, contra la burguesía, está contra toda forma de opresión y explotación.
Es importante señalar que el proletariado está llamado a ser la clase dirigente y emancipadora de la sociedad, por sus cualidades que desarrolla debido a su participación en el proceso productivo socialmente organizado-colectivo, tales como su organización, disciplina y solidaridad, elementos que le conforman su capacidad potencialmente dirigente.
La producción capitalista ha concentrado grandes masas de obreros, los ha organizado para la producción en ramas y especialidades. Los ha disciplinado en las tareas productivas por la misma situación de trabajo y explotación que sufren los obreros, les ha despertado los intereses colectivos, solidarios de clase.
El comunismo es la afirmación histórica del proletariado, por lo tanto, para los obreros no es un bello ideal, sino una necesidad material. De esa necesidad material se desprende la característica revolucionaria del proletariado. La clase obrera no puede llevar adelante sus tareas revolucionarias de emancipación sin emancipar al mismo tiempo a toda la sociedad de la división de clases.
Por todo lo anterior, los marxistas-leninistas no estamos proclamando principios especiales a los que queramos amoldar al movimiento proletario, no tenemos intereses específicos que nos separen del conjunto del proletariado, los comunistas sólo se distinguen de los demás proletarios, porque en la lucha de clases, se destacan y hacen valer los intereses históricos del proletariado, en este caso en el esclarecimiento como el sujeto revolucionario.
El Partido Comunista sintetiza los intereses históricos del proletariado y los defiende en las diferentes fases de la lucha de la clase proletaria. Por lo tanto, el nacimiento y constitución del Partido Comunista de México (marxista-leninista), no tiene nada que ver, con la constitución de un Partido aparte, sino por el contrario, afirma prácticamente la tendencia general del proletariado a constituirse en Partido político y -más aún- a constituirse en el sujeto revolucionario que será el sepulturero de esta sociedad de explotación y opresión.
Publicado en Vanguardia Proletaria No. 302
Formas de organización
en las empresas contratistas
La tercerización se vuelve cada día un método más útil para la protección de los intereses del capital, ya que de esta manera es posible obtener una mayor plusvalía a costa de mayor trabajo y sin reconocer los derechos de los trabajadores.
Las condiciones bajo las que laboran los trabajadores en estas empresas se caracterizan por una forma más cruda de explotación, ya que los contratos son fantasma y de forma individual, las jornadas de trabajo son superiores a las que marca la ley burguesa, las prestaciones que tienen son lo que se marca cómo mínimo en la mutilada Ley Federal del Trabajo.
De igual manera, no son respetados los pagos y hay omisiones en horas extra, también los equipos de protección personal son insuficientes o no cubren la protección a los riesgos que representa la actividad laboral y son otorgados en las mismas condiciones que los uniformes (desgastados, rotos y usados) supuestamente por “falta de material”.
Esta descripción es corta ante los hechos que vivimos día a día los que por necesidad trabajamos en estas empresas. Es un hecho que las fábricas que trabajan para este tipo de empresas no son una o dos, pues lo conveniente para los corporativos es tener varias ocupando diversas funciones (limpieza, mantenimiento, e incluso dos o más ocupando las funciones de producción), de esta manera los trabajadores nos vemos con distintas condiciones que no logran hacer posible homogenizar una demanda concreta.
Sería difícil pensar en ser contratados directamente por la empresa para la cual laboramos, pues mientras no exista una coordinación entre los trabajadores es difícil luchar por ello y más aún lógralo, pues para las grandes empresas les resulta todo un negocio entregar parte de la plusvalía generada por los trabajadores, a empresas contratistas -en la mayoría de las veces pertenecen a los mismos empresarios-, que otorgar derechos como antigüedad y contrato colectivo.
Es necesario consolidar nuestra organización en este creciente sector laboral, que es pieza fundamental en los distintos procesos productivos de las industrias estratégicas, como la energética, la alimenticia, la construcción, la siderúrgica, automotriz, minería, entre otras.
El proletariado tercerizado (subcontratado) es quien mantiene la producción en aquellas empresas que por algún motivo o reivindicación se encuentran en huelga o paro, de igual manera son los primeros en ser despedidos cuando existen problemas con la circulación de la mercancía.
Las opciones de organización para el sector tercerizado no son muchas, y la experiencia en este sentido es reducida, porque estas empresas contratistas tienen la finalidad de impedir a los trabajadores su organización, a su vez es difícil (mas no imposible) impulsar la construcción de un sindicato cuando los trabajadores de la empresa con los que se labora en una fábrica son en muchos de los casos un número inferior a los que considera la Ley Federal del Trabajo para la construcción de un sindicato.
En ese sentido se plantea un escenario de extrema dificultad dentro de los ámbitos legales, pero no por ello podemos negar la necesidad urgente de organizar a los trabajadores que laboran en estás, la necesidad esta presente y nuestros métodos y formas de organización deben responder a cada una de las necesidades.
Donde no podamos construir una corriente, debemos impulsar un comité ya sea por empresa terciaría o por fábrica, donde no podemos construir un sindicato debemos construir una asociación que este enfocada al interés o necesidad de los trabajadores.
Estos pueden ser de información sobre la seguridad laboral, salud, culturales o deportivos, sin dejar de lado la intención de que estos deben funcionar como un referente organizativo, no solamente para los trabajadores de cierta empresa contratista, sino para los trabajadores desorganizados que laboran en un espacio de condiciones similares.
Debemos consolidar a nuestros mecanismos de organización de masas como un referente para el proletariado organizado y desorganizado, capaz de lidiar con los obstáculos que pone el capital a la organización proletaria, orientando su política clasista a las distintas luchas reivindicativas que libra el proletariado en nuestro país, dotándolo así de un referente amplio político revolucionario capaz de elevar el carácter reivindicativo de los trabajadores a formas de lucha más avanzadas.
Publicado en Vanguardia Proletaria No.300
Siete tareas centrales
de los trabajadores revolucionarios
Actualmente, desde diferentes frentes, se esboza la táctica de apuntalar un movimiento generalizado de masas donde el proletariado, mediante una huelga general, dirija al conjunto del pueblo a nuevos estadios de combate frontal contra el régimen de sobreexplotación y hambre. Ahora, para transitar ese camino, apuntamos algunas tareas básicas:
1.- Construir corrientes sindicales de clase y revolucionarias de masas trabajadoras y no de activistas en lo individual. Las corrientes no deben retraerse sobre sí mismas, porque estaríamos en peligro de convertirnos en una secta; el deber fundamental de las corrientes sindicales de clase es ligarse con las masas trabajadoras.
Hacer una agitación y propaganda permanente de nuestra línea político-sindical e impulsar la organización constante de los trabajadores. Si el trabajo de una corriente sindical es rechazado, realizar una autocrítica de nuestro trabajo e insistir. Si aún no somos suficientemente claros ante los trabajadores, hay que reelaborarla haciéndola más sencilla, pero en el entendido de que nos sirve para desarrollar la conciencia de clase.
Lo cierto es que nos hace mucha falta la perseverancia para ganar a los trabajadores, encontrar las formas más sencillas y adecuadas para que se organicen y luchen entorno a una concepción de clase y revolucionaria.
2.- Construir las corrientes sindicales combatiendo la influencia burguesa al interior de los sindicatos: el charrismo, el economicismo, el reformismo, etc., sin vernos aislados del movimiento de los trabajadores. Se trata de que por vía práctica convenzamos al trabajador que es víctima de prejuicios pequeño-burgueses, del apoliticismo, lo rutinario y el gremialismo, como nos conducen los charros y reformistas.
Debemos pugnar porque los sindicatos no sean presa de la acción rutinaria en la revisión del contrato colectivo de trabajo, las elecciones sindicales, revisión salarial, etc.; sino que se basen en objetivos de clase, consignas de periodo y tareas estratégicas. Es decir, involucrarse en la lucha de clases, impulsar la huelga general, atraer al conjunto de trabajadores y del pueblo a una movilización generalizada de masas.
3.- Desarrollar una profunda agitación para atraer y organizar a los trabajadores, porque -especialmente en esta etapa de crisis- tenemos que defender el empleo oponiéndolos a los despidos de cualquier tipo, luchar contra la categoría de trabajado eventual, luchar por el trabajo y basificación de los trabajadores. De la debilidad y el temor al despido hay que sacar la fuerza para oponerse a la política del régimen, y a partir de ello desarrollemos una conciencia de clase y de disposición a la lucha.
4.- Conquistar a la clase obrera y los trabajadores hacia una política de clase y revolucionaria. Esto va más allá de la conquista de las direcciones sindicales, que sin duda es importante, pero lo fundamental es mantener una política, una posición, una alternativa de clase, que poco a poco vaya impregnando de una conciencia clasista, y en ese proceso ganar la dirección formal y real de los sindicatos, e impregnar de la concepción marxista-leninista a los trabajadores por convencimiento y experiencia propia.
5.- Recuperar los sindicatos existentes y desarrollar la unidad de los trabajadores. Pugnar por la independencia de clase no significa la separación de contingentes democráticos de trabajadores de los grandes sindicatos y centrales, sino fundamentalmente de que los trabajadores desarrollen un sindicalismo de clase, unitario, asambleísta, democrático, e internacionalista, recuperando los sindicatos existentes como instrumentos de organización proletaria. Lo que pugnamos es recuperar y unificar el movimiento sindical, para desarrollar la fuerza y unidad de los trabajadores.
6.- Desarrollar la unidad de acción y el frente único proletario con corrientes democráticas y revolucionarias: que nos permita oponer una política unificada frente al patrón, los charros y la reacción. Esto no significa ceder en nuestra concepción, sino ganar fuerzas, acercar trabajadores, crear una mejor correlación de fuerzas.
La táctica de unidad de acción nos da pie a desarrollar las luchas concretas de los trabajadores y evolucionar a formas de lucha más elevadas; así como de la unidad más allá de las corrientes, la unidad de los trabajadores como tal, esta es la política de frente único proletario.
7.- Nuestra tarea principal es crear corrientes sindicales y consolidarnos en los sectores estratégicos del proletariado, que por su papel que juegan en la producción, número de trabajadores, experiencia y tradición de lucha juegan un papel fundamental en la lucha de clases de nuestro país.
Publicado en Vanguardia Proletaria No. 296
La lucha sindical contra
la justicia laboral burguesa
La composición de los tribunales del trabajo y las comisiones nacionales, como la de salarios mínimos y la de reparto de utilidades, son de las más avanzadas dentro del derecho burgués. Es decir, la composición tripartita, donde se le da una participación por igual al gobierno, a la patronal y al trabajo, donde en teoría debería haber una representación de los trabajadores aparte de los otros dos componentes, para supuestamente garantizar la defensa de los intereses de los asalariados.
A pesar de ello estos mecanismos de supuesta vigilancia para la “impartición de justicia laboral”, se han vuelto infuncionales. Donde vale destacar que esta llamada justicia laboral no puede existir dentro del sistema capitalista, toda vez que la administración de la justicia tiene un carácter de clase: en el sistema capitalista es a favor de la burguesía y en el Estado socialista debe ser a favor de la clase trabajadora. No hay términos medios.
¿Pero cuáles son los factores entonces, que han permitido a la burguesía volver infuncional el carácter tripartito de los tribunales del trabajo? Esto ha sido gracias al control ejercido por el Estado hacia las organizaciones de los trabajadores, supuestamente encargadas de la defensa de los derechos y los intereses de la clase trabajadora. Este control se da por medio del reconocimiento legal o no a los sindicatos, donde sólo se les reconoce, otorgándoles la toma de nota, a aquellos que no afecten realmente los intereses burgueses.
En teoría se supone que la Constitución Política y la Ley Federal del Trabajo reconocen el derecho a la libre asociación de los trabajadores, sin más cortapisa que ciertos requisitos legales. El gobierno y los tribunales del trabajo sólo tomarían nota de la agrupación sindical en cuestión, una vez cubiertos los requisitos, sin embargo, la política laboral de la Secretaría del Trabajo y las Juntas de Conciliación y Arbitraje, consiste en negar la toma de nota y por lo tanto el reconocimiento legal a aquellas organizaciones que pudiesen dar problemas al sistema.
De esta manera se impediría que alguna organización obrera, realmente interesada en la defensa de los intereses de sus representados, pudiera intervenir legalmente en la defensa o mejoramiento de sus condiciones de vida y trabajo. Con ello además se impide que una organización sindical de este tipo participe en la composición tripartita de los organismos mencionados, creados para un supuesto equilibrio de los factores de la producción y que representase los intereses reales de todos los asalariados.
El reconocimiento de cómo se conducen realmente los organismos encargados de diseñar la política salarial, lleva entonces a algunas corrientes políticas y sindicales a plantear la desaparición de estos. Donde se supone, deberían estar representados los intereses de los trabajadores en la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, encargada de hacer un estudio de los índices inflacionarios y el costo de la canasta básica, para a partir de ello plantear el porcentaje del aumento salarial. Sin embargo, sabemos que en la práctica esto no se lleva a cabo.
Sucede además, que este porcentaje sólo debía ser un referente mínimo para los aumentos, donde no pudiera haber un solo trabajador que recibiera un aumento salarial por debajo de ello. Los trabajadores con Contrato Colectivo de Trabajo, deberían recibir un aumento más arriba de ese porcentaje y para ello existen los mecanismos legales para la revisión salarial. Todo esto se ha convertido en letra muerta.
De igual manera sucede en la Comisión Nacional de la Participación Anual de los Trabajadores en las Empresas y con los tribunales del trabajo, que sólo han servido para que en la representación obrera, se erijan individuos que aprovechan esto para beneficios personales y para copar una legítima y real representación de trabajadores que realmente representarán los intereses de los asalariados. Sin embargo, debemos entender entonces cuál es el problema de fondo.
¿Realmente una desaparición de las comisiones y del tripartismo resuelve el problema? ¿O el problema es esa seudo representación de quienes llamamos charros sindicales? Precisamente el problema radica en la organización de los trabajadores. Por consiguiente la defensa de sus intereses y sus tareas para lograr esta defensa, depende del nivel de organización existente y por tanto del grado de conciencia.
Es indispensable la lucha en todos los sindicatos hoy dominados por el charrísmo sindical, no sólo para lograr un mejoramiento en las condiciones de vida, de trabajo y para que las organizaciones de los trabajadores representen los derechos laborales, sino además para que estos se conviertan en instrumentos de lucha contra el capital.
La lucha contra el oportunismo, la conciliación y la colaboración de clases, consiste en tener clara una política sindical de clase, revolucionaria, dirigida a la organización de la clase obrera y los trabajadores para la resistencia y el combate contra la burguesía.
Orientada ésta, a la organización sindical como un instrumento de defensa de los intereses de la clase obrera y como órganos de transmisión de la conciencia de clase hacia las masas trabajadoras. Esta lucha entonces, puede tomar las más diversas formas, y no puede depender de los buenos deseos, sino de las condiciones objetivas existentes en la arena de la lucha de clases.
Sobre esta base es que se legitima una forma de lucha, sea legal o no, así como los diversos instrumentos y mecanismos de los que echa mano el proletariado para alcanzar sus objetivos. Estos mecanismos tienen que ver con el diseño de una táctica para el actual periodo, la cual tendría como objeto lograr progresos en el nivel de organización y la conciencia de la clase trabajadora.
Esto quiere decir que se deben establecer expectativas, lo más objetivas posibles, las cuales orienten y definen las tareas del proletariado, en base a lo cual se delimitan también las alianzas, para lograr coronar con éxito estos planes.
Estos aspectos han derivado en que los comunistas y los revolucionarios, definamos que las alianzas creadas al calor de la lucha de clases, en los paros nacionales y las jornadas de lucha en contra del capital de los últimos tiempos, deben verse como avances en la lucha contra el actual sistema de explotación y además deben consolidarse y ser capaz de crear conciencia de clase.
Todo ello a pesar que al interior del sindicalismo existan elementos que priorizan la conciliación de clases por encima de las tareas revolucionarias, lo cual no significa que se concilie con el enemigo, es decir, con los colaboracionistas y agentes de la burguesía que detentan el poder dentro de las organizaciones sindicales y que entregan los intereses obreros a la patronal.
Significa intervenir con la ideología proletaria al seno del movimiento obrero-sindical y de masas existente, opuesto al actual régimen excluyente, impidiendo dejar al movimiento en manos del oportunismo; utilizando la diplomacia política sin negar el programa y la estrategia de los comunistas.
De esta manera, es que la lucha contra el sistema capitalista deja de ser meramente panfletaria, convirtiéndose en el eje alrededor del cual giran los más diversos instrumentos de lucha, aprovechando cualquier resquicio para penetrar con nuestra política de clase y revolucionaria.
Publicado en Vanguardia Proletaria No. 295
En Gamesa no hay derrota
Gamesa Sociedad de Responsabilidad Limitada (S de R.L.) de Grupo Gamesa y perteneciente a Pepsico, compró en 2003 la empresa Maizoro, y con ello los derechos de los trabajadores.
A partir de entonces, la empresa contrató los servicios de una de tantas empresas subcontratistas que abundan por todo el país, especialistas en pisotear los derechos laborales y el robo a las prestaciones de los trabajadores, con el afán de desplazar a los trabajadores sindicalizados y con ello abaratar la fuerza de trabajo.
Los derechos laborales que han sido pisoteados, tienen que ver principalmente con despidos injustificados, la violación al escalafón, la supuesta contratación de los trabajadores sindicalizados para ocupar puestos de confianza.
Todo ello con el fin de evadir las responsabilidades laborales de la empresa con los asalariados, consagrados tanto en la Ley Federal del Trabajo, como en el Contrato Colectivo de Trabajo y que debería ser defendido por la representación sindical de la Confederación Obrera Revolucionaria (COR), perteneciente al Congreso del Trabajo.
Valga decir que en estas violaciones a los derechos laborales, se han coludido las autoridades laborales.
En primer lugar, por la participación de funcionarios de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje en los despidos de los obreros, quienes levantan acta de la acción de la empresa, para de manera intimidatoria, obligar al despedido a firmar de conformidad con dicha acta.
En segundo lugar, por las instrucciones que tienen los funcionarios de la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo, de no atender a los trabajadores que se presenten a dicha institución a buscar asesoría laboral, con lo que se demuestra este contubernio con los empresarios.
En esta situación más que anómala, donde los directivos de Gamesa vienen haciendo de las suyas y los trabajadores han perdido de un plumazo sus derechos adquiridos, el sindicato charro se ha hecho ojo de hormiga.
La práctica del charrismo adherido al Congreso del Trabajo, como es el caso de la COR, quien se ostenta como administrador y titular del Contrato Colectivo de Trabajo, cuyo apoderado legal es el mismísimo Secretario General de dicha confederación, confirma su postura de vender los derechos laborales y no defender los intereses de la clase trabajadora.
Con esta posición del sindicato, se viene a ratificar que los charros sindicales, como es el caso de Joel López Mayren, el supuesto líder de la COR, vienen a usurpar el supuesto liderazgo de una organización sindical, con el sólo fin de hacer de ello un negocio que le retribuya dividendos personales.
En el caso de Gamesa, han desaparecido al comité sindical de la empresa, convirtiéndolo en un supuesto comité laboral comparsa de los empresarios y haciendo caso omiso de los reclamos de los obreros. Ello hace suponer que el charrismo le puso precio a nuestros derechos laborales y vendió el CCT a los patrones que compraron Maizoro, aceptando las nuevas condiciones de trabajo.
Esto es así porque a los obreros de Gamesa, al igual que los de muchas fabricas, se nos ha capacitado desde la escolaridad básica a aprender a leer, escribir, hacer cuentas, ecuaciones y quebrados, un poco de biología, de historia, física, etc; otros tantos hasta un poco de preparatoria, pero nadie nos enseña qué hacer en estos casos, por tanto debemos aprenderlo luchando.
Nadie nos prepara para enfrentar este tipo de situaciones, que se nos presentan a diario en nuestra vida laboral. Ante todas estas circunstancias que se presentaban en Gamesa, los obreros inconformes con esta situación, comenzaron a buscar la manera de organizarse. Al principio fue difícil por la falta de experiencia en estos menesteres, no se sabía realmente en quién confiar y en quién no, guiándose por el instinto de clase y la defensa de sus intereses.
Hubo tropiezos, más despidos, el sindicato se mantuvo al margen como si no pasara nada y los empresarios afilaron sus garras, como hienas, para esperar el momento oportuno de lanzarse sobre los escuálidos obreros, que han osado defender sus ingresos y la estabilidad laboral.
Se comienzan a decantar entonces las posiciones, las familias obreras se convierten en conspiradoras y subversivas, estimulan al padre, a la madre de familia y al hijo que labora en Gamesa, para que se decida de una buena vez por todas a defender las conquistas logradas por las anteriores generaciones de obreros.
La asamblea se convoca en secreto, todavía hay desconfianza. El día 30 de agosto, mientras la burguesía hacía cuentas alegres, después de la jornada laboral, se reúnen los obreros de Gamesa.
Los primeros que llegan no pueden ocultar su temor de que no asistan los demás, incluso les empezaba a invadir el desencanto, cuando empezaron a ver que llegaban más obreros en grupos y de otros turnos se dan cuenta que no están solos, que la inconformidad es general y sólo se necesitaba encender la chispa, incluso hay arrepentimiento por no haberlo hecho antes, pues a la fecha han sido despedidos más de la mitad de la planta y los primeros fueron quienes contaban con cierto liderazgo sobre el resto de la plantilla laboral, en términos de la empresa, los mas conflictivos.
Se instala la mesa que ha de dirigir la asamblea y se asume el acuerdo unánime de tomar las riendas de su destino.
Nadie se quiere quedar callado y toman una decisión donde ya no hay marcha atrás, todos están totalmente de acuerdo: Ni un despido más, ante cualquier despido se parará la empresa haciendo una huelga de hecho, si no se reconoce al comité sindical de la empresa elegido libre y voluntariamente por la mayoría de los trabajadores, es un hecho indiscutible parar las labores de la empresa. No se considerará el procedimiento laboral de los tribunales, basado en criterios patronales y gubernamentales.
Los obreros de Gamesa ya no podrán ser los de antes, hemos sido orillados a convertirnos por necesidad en luchadores por una sociedad más justa, a luchar contra la burguesía y la explotación.
Publicado en Vanguardia Proletaria No.293
De la huelga general
al comité de base
Sin duda, entre los grandes espacios amplios y unitarios -donde participan desde sindicatos “neocharros” hasta organizaciones revolucionarias- se expande la necesidad de llevar a cabo acciones masivas, organizadas, que cimbren el sistema político que tanta pesadumbre nos trae.
Tres consensos, un tanto ambiguos, han perfilado en estos espacios: uno programático, otro orgánico y un tercero táctico. Del primer consenso, si bien se han proyectado diferentes proyectos de nación, el que más adeptos ha atraído es el Proyecto Alternativo de Nación del Diálogo Nacional, al cual se han sumado otros espacios unitarios.
Del segundo consenso, con diferentes apreciaciones, se coincide en la formación de un gran frente único de los trabajadores y del pueblo.
El tercer consenso es sobre aquella acción masiva y organizada, pero sobre todo que sea contundente, se trata de impulsar la huelga general. El nombre que ha logrado consensarse es el de Huelga Política Nacional, que si bien siguen habiendo diferentes interpretaciones de cómo debe llamarse, lo central ya avanzó: un paro nacional de todos los trabajadores, sumándose a ella las acciones populares, con un objetivo político central, remover al régimen actual.
Pero no basta alardear –a manera de consigna– este consenso, que si bien representa un gran avance para la lucha de clases en nuestro país, hace falta fortalecer más el vínculo proletario para que la lucha popular cuaje como una fuerza real.
Es decir, la correlación de fuerzas todavía es desfavorable para el conjunto del pueblo y del proletariado organizado, más aún, los eslabones que sostienen la unidad y/o el acercamiento entre las organizaciones son endebles.
A la par de fortalecer esos eslabones unitarios, se debe poner atención especial en el redoblamiento de esfuerzos por acrecentar la fuerza material organizada de los trabajadores. Fuerza material que se expresa en comités de base, corrientes revolucionarias de trabajadores, células partidarias, comités de huelga, formación de sindicatos democráticos y revolucionarios, democratización de los sindicatos con estructuras charriles.
No se trata de buscar aliados o de convencer a las cúpulas; se trata de atraer a la bases y a los trabajadores que ni siquiera conocen la vida sindical, ya que un gran porcentaje de empleos están sometidos por el sindicalismo patronal, siendo éste –cuando más– un parapeto del patrón para eliminar toda defensoría del trabajador.
Entonces, podemos sintetizar en dos grandes tareas: la democratización de todos los sindicatos charros o neocharros y la creación de sindicatos donde no existan. En ambas tareas resalta la guía de un sindicalismo de clase a través de la creación de corrientes de trabajadores revolucionarios. Mas el primer paso es agrupar a contactos que conformen comités de centro de trabajo para la lucha contra la patronal.
El trabajo al seno de la clase obrera toma muchas formas, destacar comunistas en la fábrica, atraer a los trabajadores activos, el brigadeo a centros de trabajo puede rendir frutos, siempre y cuando los trabajadores logren identificarse con las consignas agitadas y nuestra propaganda.
Particularmente para ello el brigadeo debe ser adecuado: lugares fijos, pero seguros, donde los trabajadores sepan que pueden encontrarnos, para ello es imprescindible la constancia (días y horas determinadas); agitación de nuestras propuestas y sus problemáticas de manera sencilla y clara (sin rebuscamientos ni esquematismos que no ayudan a la comprensión); y, una atención adecuada para hacer contactos –se debe tener presente que los contactos no llegan, se buscan-, lo que requiere de un trato humilde y personalizado, pero sobre todo darle seguimiento.
En todas condiciones, incluso donde la hegemonía la tienen grupos democráticos, es indispensable el cuidado que se tenga al extender las redes de contactos al interior de las fábricas y empresas, entre los escalafones y departamentos, pues siempre está latente el peligro del espionaje patronal y la expulsión de nuestros compañeros, llegando hasta exterminar toda posibilidad de organización.
Ésta es una labor conspirativa y por lo tanto hay que actuar a manera de grupos secretos de trabajadores, sin perder de vista la importancia de la lucha inmediata, sobre la cual hay un creciente interés por parte del trabajador que anhela cambiar su situación, luchas en las cuales eleva su consciencia y aprende a reconocer a sus enemigos de clase.
Publicado en Vanguardia Proletaria No. 293
A los mineros en huelga
Compañeros:
Saludamos con entusiasmo la lucha de los trabajadores mineros, a un año de combate en contra de los explotadores y la camarilla neoliberal que se ha enquistado en el poder desde hace más de 25 años, hoy encabezada por el impuesto Felipe Calderón.
Los diversos estallidos de la lucha minera desde los combates abiertos del puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán durante el 2006, las movilizaciones y foros que se han organizado en apoyo y las iniciativas del Sindicato Minero, han dotado al movimiento democrático, popular y revolucionario del país, de un contenido proletario, después de varias décadas de mantenerse en silencio, la clase obrera y uno de sus destacamentos más probados, sale a la lucha callejera, y no sólo enfrenta la represión, sino que la derrota, trocando las herramientas en armas de defensa de los centros de trabajo, la dignidad proletaria y sobre todo nuestros intereses de clase.
Con este combativo saludo recordamos también, que fue precisamente en Cananea donde comenzó la gesta revolucionaria de 1910, que fueron las movilizaciones de los mineros de Nueva Rosita las que dieron un contorno proletario a la actividad política de los treintas y fueron un contingente organizado, fundamental para dar fuerza material en las calles y los pueblos mineros al proceso de expropiación de la industria petrolera.
Estos capítulos de la historia de nuestro país y la clase obrera del mismo, son de vital importancia en estos días en que preparamos la tormenta que sacudirá a los neoliberales y capitalistas y en la que la clase obrera, mineros, electricistas, petroleros, copreros, etc. Deberán constituirse en vanguardia de la lucha por la emancipación de la clase obrera y de la humanidad, en su conjunto del yugo capitalista.
Hoy nos hermanamos en el Movimiento Nacional por la Soberanía Alimentaria y Energética, los Derechos de los Trabajadores y las Libertades Democráticas, junto con varias fuerzas democráticas del país desarrollando en los hechos una política de frente único de todos los que luchan contra el neoliberalismo y por transformas al país. En puerta tenemos la importante tarea de desarrollar el Paro Nacional del primero de septiembre en el que la unidad más amplia, la coordinación más eficiente y la contundencia de las movilizaciones serán el fiel de la balanza.
De nuestra contundencia en este paro depende la lucha contra la privatización de PEMEX, la abrogación a la nefasta Ley del ISSSTE, la lucha por la libertad de los presos políticos, la presentación con vida de los desaparecidos, por las libertades democráticas y la autonomía sindical, por echar atrás el ominoso Tratado de Libre Comercio de América del Norte y tantas demandas del pueblo trabajador que convergen en el Movimiento Nacional y de muchos otros que no están organizados, pero que participan, se movilizan, votaron el 6 de julio del 2006 y han vertido su opinión en la consulta del pasado 27 de julio.
Son enormes las tareas que tenemos en puerta, en las que la participación minera es fundamental, si este proceso revolucionario tiene éxito, será por la participación firme del proletariado industrial, por la participación decidida de los trabajadores mineros.
¡Viva la huelga de los Mineros!
¡A construir el frente único de los explotados contra el capital!
¡Por un gobierno de los obreros y los campesinos pobres!
¡A construir el paro nacional del 1º de septiembre y la Huelga Política Nacional!
¡Proletarios de todos los países, uníos!
¡Unidad de todo el pueblo por la emancipación proletaria!
Partido Comunista de México (marxista-leninista)
Frente Popular Revolucionario
Publicado en Vanguardia Proletaria No.288
La corrupción en Pemex
y el charrismo sindical
Dentro de los foros del Senado sobre la reforma petrolera privatizadora propuesta por el actual gobierno, Arturo González de Aragón, Auditor Superior de la Federación, presentó un diagnóstico que deja al descubierto la ineficiencia y el desorden que imperan en la administración de Petróleos Mexicanos (Pemex)
La discrecionalidad en el uso de los recursos, además de incoherencias entre el plan de la paraestatal y el Plan Nacional de Desarrollo, a lo que se suma una relación turbia con la dirigencia del Sindicato de trabajadores petroleros y completo descontrol fiscal de las empresas privadas contratistas de Pemex.
Aunado a lo anterior, existen diversas denuncias que evidencian que en el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) diversas secciones gremiales han degenerado en mafias que han hecho negocios millonarios para sus dirigentes.
Ejemplo de lo anterior es que tan sólo la Sección X de Minatitlán, Veracruz, recibe por concepto de cuotas un millón 800 mil pesos mensuales, sin contar los recursos que recibe por ingresos del arrendamiento de diversos inmuebles, la administración del Casino Petrolero, recursos por el cobro de transportación de personal y otros, de los cuales no hay rendición de cuentas.
De lo anterior existe un sinnúmero de documentos y fajos de información que detallan la serie de querellas presentadas contra sus dirigentes y que han sido enviados al presidente Felipe Calderón y al secretario del Trabajo, Javier Lozano, detallando denuncias de saqueo, actos fraudulentos, represión y despidos contra los trabajadores que dan a conocer los hechos, así como reiteradas solicitudes que se han hecho a las autoridades para que intervengan y paren esta corrupción sindical.
Entre los pormenores de las denuncias de los trabajadores de la Sección X de Minatitlán, Veracruz, se indica que como Secretario General de esa sección, Jorge Wade González manejó durante seis años 120 millones de pesos de cuotas sindicales e ingresos por transporte de personal por rutas y por centro de trabajo que ascienden a 297 millones de pesos, mismos que Pemex pagó a esta organización, así como las rentas de bienes inmuebles.
Vale mencionar entre otras cosas, que este líder petrolero recibió a su llegada al cargo 688 mil pesos por concepto de transportación de personal de parte del Complejo Petroquímico Cosoleacaque, además de las cuotas y de todos los ingresos que percibe esta sección sindical. Este dirigente nunca ha entregado cuentas de los recursos y para cubrirse dejó en su lugar, a través de un proceso de elecciones amañado a Donaciano González Hidalgo.
Aunado a lo anterior, empleados en activo de Petróleos Mexicanos de varias secciones, entre ellas de plataformas marinas de perforación en Ciudad del Carmen, Campeche. Han exigido a las autoridades laborales anular la toma de nota al Comité Ejecutivo del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), encabezado por su Secretario General, Carlos Romero Deschamps, por haber concretado de manera ilegal su reelección con 15 meses de anticipación.
Los anteriores elementos son algunos de tantos ejemplos de la corrupción sindical, no sólo en Pemex, sino en una gran mayoría de las agrupaciones sindicales, auspiciada por la patronal y solapada por el Estado como medios de control de los agremiados, para evitar la organización de los asalariados.
Situación prevaleciente por una política laboral del Estado basada en la simulación sindical, tanto de representación como de nula defensa de los intereses de la clase obrera y los trabajadores. Sin embargo, hoy el debate nacional sobre la reforma petrolera y sobre el asunto de las corruptelas en la paraestatal, sirve de argumento para diversas tendencias que intentan influir en la opinión pública, para avalar un golpe de intromisión más a la autonomía sindical.
El asunto de fondo no es si existe o no corrupción sindical en el sindicato de Pemex, al igual que en muchas organizaciones sindicales, de ello existen miles de legajos de pruebas que lo acreditan. El punto es que no puede solicitarse al Estado y sus medios de control como lo son los tribunales y la Secretaria del Trabajo que intervengan para quitar algún secretario general y limpie las estructuras organizativas de los agremiados como algunas corrientes de opinión vienen planteando.
El punto radica en que esto sólo puede ser obra de los mismos trabajadores y razonar de manera distinta significa aprobar la violación a la autonomía sindical. Por consiguiente las intenciones por acabar con el charrismo sindical, entonces, deben canalizarse hacia la organización proletaria de la clase obrera y el pueblo trabajador.
Publicado en Vanguardia Proletaria No.288
Vivimos sólo del trabajo,
nuestra miseria permanente
Los economistas burgueses nos dicen que todo el producto del trabajo pertenece al obrero. Pero en realidad se revierte al obrero la parte más pequeña e imprescindible del producto, sólo aquella que es necesaria para que exista no como hombre, sino como obrero, para que perpetúe no la humanidad, sino la clase esclava de los obreros.
Estos mismos economistas nos dicen que todo se compra con trabajo y que el capital no es otra cosa que trabajo acumulado, pero no nos dicen que el obrero, muy lejos de poder comprarlo todo tiene que venderse a sí mismo y a su humanidad.
Mientras que las rentas del perezoso terrateniente ascienden -por lo general- a la tercera parte del producto de la tierra y el beneficio del atareado capitalista llega incluso al doble del interés del dinero; lo que el obrero gana es -en el mejor de los casos- lo necesario para que, de cuatro hijos, dos se le mueran de desnutrición.
Ellos aceptan –los más progresistas- que el trabajo es lo único con lo que el hombre aumenta el valor de los productos naturales, su propiedad activa; según ellos mismos, el capitalista, que como tal es simplemente dios privilegiado y ocioso, está en todas partes por encima del obrero y le dicta sus leyes.
En tanto que, según estos economistas, el trabajo es el único precio invariable de las cosas, no hay nada más azaroso que el precio del trabajo, nada está sometido a mayores fluctuaciones.
Cuando por un lado, la división del trabajo eleva la fuerza productiva del trabajo, la riqueza y el refinamiento de la sociedad, por el otro, empobrece al obrero hasta reducirlo a máquina. El trabajo produce la acumulación de capitales y con ello el creciente bienestar de la sociedad, tal acumulación hace al obrero cada vez más dependiente del capitalista, le lleva a una mayor competencia con su propia clase, lo empuja al ritmo desenfrenado de la sobreproducción, a la que sigue la paralización igualmente profunda.
De acuerdo con su concepto –dijo Marx en sus Manuscritos económico-filosóficos-, “la renta de la tierra y el beneficio del capital son deducciones que el salario padece.” “En realidad, sin embargo, –continúa Marx- el salario es una deducción que el capital y la tierra dejan llegar al obrero, una concesión del producto del trabajo de los trabajadores al trabajo mismo.”
El obrero sufre más que nunca en su estado de declinación social. Tiene que agradecer la dureza específica de su opresión a su situación de obrero, pero la opresión en general a la situación de la sociedad burguesa. Pero en el estado ascendente de la sociedad, la decadencia y el empobrecimiento del obrero son producto de su trabajo y de la riqueza por él producida. La miseria brota, pues, de la esencia del trabajo actual.
El estado de máxima prosperidad social, un ideal, pero que puede ser alcanzado aproximadamente y que, en todo caso, constituye la finalidad, tanto de la economía política burguesa como de la llamada “sociedad civil” o de la propia socialdemocracia, es, para el obrero: miseria permanente.
Se comprende fácilmente que en la economía política burguesa el proletario, es decir, aquel que, desprovisto de capital y de rentas de la tierra, vive sólo de su trabajo, de un trabajo unilateral y abstracto, es considerado únicamente como obrero.
Por esto pueden los economistas burgueses asentar la tesis de que nosotros, como un animal de carga cualquiera, debemos ganar lo suficiente para poder trabajar. No nos consideran en los momentos de descanso como humanos, sino que dejan este cuidado a la justicia, a los médicos, a la religión, a los cuadros estadísticos, a la policía y a los “altruistas” de pobres.
La economía política marxista desenmaraña esta situación mostrándonos, así, que la riqueza producida por nosotros los trabajadores –misma que se apropian los patrones y el resto de los burgueses- es inversamente proporcional a nuestra miseria, a lo precario de nuestro trabajo y a la deshumanización consecuente que esta situación nos impone.
Publicado en Vanguardia Proletaria No.288
Luchar contra el control patronal
es luchar por la conciencia de clase
Es de vital importancia, para el patrón, arrebatarle al trabajador el control del proceso de trabajo. Esta transición histórica se presenta para el trabajador como la alienación progresiva del proceso de producción y para el capitalista como el problema de la administración.
El control es -en efecto- el punto central de todos los sistemas de administración, algo que ha sido reconocido implícita y explícitamente por todos los teóricos de la administración. En este marco de relaciones irreconciliables de producción y distribución, el problema de obtener la “máxima utilidad” de la fuerza de trabajo que compro, ha exacerbado las contradicciones entre los intereses de aquellos quienes se ven beneficiados por el proceso de trabajo y aquellos que lo llevan a cabo, los trabajadores.
La enajenación, el conformismo, la competencia, el consumismo, el ascenso de puestos, son armas de dominación ideológica y material con la que naturalizan la explotación del trabajo. No debemos dejar de largo la falta o mínima conciencia de clase y la falta de independencia de clase, esto ha sido un factor histórico en nuestro país que ha impedido desplegar el potencial revolucionario de los trabajadores, quedando en demandas reivindicativas, luchas economicistas; o peor aún, en “carne de cañón” para diferentes sectores de la burguesía o de sus líderes charros.
La falta de una identidad de clase ha menguado la organización de enormes sectores de trabajadores: ubicados en el comercio “informal”, trabajadores de venta de productos por catálogo (Avon, Price Shoes, Jafra, etc.), trabajadores que venden en calles para empresas (Bon Ice, Danone, Telcel, El Gráfico, etc.); los cuales –todos estos sectores y otros considerados dentro de lo “informal” o desempleo y que no cuentan con seguridad social alguna-, forman parte del ejército industrial de reserva en diferentes niveles, o sea, que no tuvieron otra opción para emplearse, pero siguen a la expectativa de contar con un trabajo remunerado.
La falta del elemento consciente (la conciencia de clase) y de su organización (el sindicato) ha permitido que el capital finque su imperio sobre el trabajo; peor aún, los pocos sindicatos tenían –y tienen- la responsabilidad de denunciar y de socavar todas las formas de control que la administración capitalista ha implantado dentro y fuera del proceso de trabajo, mas sólo buscaron beneficios para la patronal, cuando menos particulares, traicionando a los intereses de la clase que se dice representa.
El contrato entre capital y trabajo nunca puede descansar sobre justas condiciones. El capital se convirtió en poder social concentrado, mientras que el trabajador sólo dispone de su fuerza de trabajo. Además, dentro de la jornada laboral, los trabajadores, se encuentran dispersos y en incesante competencia entre ellos, lo que produce división y desunión; es en esa necesidad -de eliminar o al menos disminuir éstas y alcanzar en los contratos condiciones que los coloque en una situación superior a la de los simples esclavos- en la cual surgen, de manera casi espontanea, los sindicatos.
Ya en el siglo XIX, Marx veía a los sindicatos como centros organizadores, agrupaciones destinadas a darles su primera educación de clase a los trabajadores. El fin inmediato de los sindicatos es pues la cuestión del salario y la jornada, es decir, las batallas diarias contra los incesantes ataques del capital: la “guerra de guerrillas cotidiana entre el capital y el trabajo”; mas son importantes a su vez para la abolición del mismo trabajo asalariado.
¡Es de vital importancia contar con la organización sindical democrática! Sin organización y unidad no somos nada, por lo que se necesita crearla no sólo en los sectores tradicionales del trabajo, sino extenderla a los nuevos grupos ocupacionales y de desempleados.
La batalla será espinosa y escalonada; pero cada paso, cada escalón que ascendamos en la organización independiente a la burguesía; cada pequeña victoria –por muy mínima que sea esta-; nos dará confianza en el potencial revolucionario de nuestra clase, nos guiará en el camino y en la forma de caminar éste para afianzar los lazos de solidaridad de clase, del internacionalismo proletario, de la unidad en la acción, de la política de alianzas flexible.
Sólo cimentando estos principios de organización de forma intransigente, pero de un modo sencillo y paciente, lograremos nuestro Norte: desalienar el trabajo, que el control del proceso productivo regrese a quienes lo llevamos a cabo, los trabajadores del campo y la ciudad.
Dos son las tareas de suma importancia que se desprenden del letargo en que se encuentra la clase obrera hoy: Democratizar los sindicatos reaccionarios bajo el control e influencia patronal, y crear sindicatos democráticos y revolucionarios.
Nuestra propuesta para el movimiento obrero-sindical, se basa en el sindicalismo revolucionario, el cual desarrolla la fuerza y la claridad de la clase obrera, tiene como características la de ser un sindicalismo democrático, asambleísta, unitario, internacionalista y con independencia de clase frente a la burguesía, basado en una política de masas, en la acción y en la lucha.
Los sindicatos de clase se obligarán a conducirnos en el combate diario contra la explotación capitalista, guiarnos en la lucha por salarios y estabilidad laboral, por los derechos sindicales políticos; pero serán, principalmente, una organización sindical válida para la lucha por el cambio revolucionario, por la transformación del sistema capitalista, una organización sindical que nos una, nos aglutine, nos organice, bajo la dirección del partido de la clase obrera, por la revolución y el socialismo. En otras palabras: la lucha cotidiana, los combates económicos y reivindicativos se encausarán al objetivo estratégico, la emancipación de la clase.
Para cumplir con estas tareas tácticas no hay más que redoblar esfuerzos en nuestra labor cotidiana de organización, revisar la justeza y eficacia de los métodos y estilos de trabajo, afinar no sólo las consignas organizativas-tácticas sino las más tangibles por los trabajadores. Los sindicatos deben ser en manos de los trabajadores palancas de lucha contra el poder político de sus explotadores.
Publicado en Vanguardia Proletaria No.285
La lucha actual por la libertad
de asociación de los trabajadores
A Los trabajadores de Industria Vidriera del Potosí resisten a los embates de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) y la empresa, que pretenden negarles su derecho a la libertad de asociación; las autoridades laborales pretenden negar el derecho de los mineros a elegir a sus representantes.
En la empresa Bachoco se niegan los derechos laborales y los trabajadores realizan paros laborales, la dirigencia charra del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) condiciona el relevo de dirigentes en la Sección XXII y conjuntamente con la cúpula del Sindicato Petrolero, liderado por Romero Deschamps y otros lideres sindicales, llaman a formar un supuesto Nuevo Sindicalismo y con ello, adecuarse a los nuevos tiempos neoliberales, convirtiendo a las agrupaciones sindicales en verdaderas plazas en disputa.
No es nuevo que las autoridades laborales trabajen bajo consigna de los intereses patronales, como en el caso de la Industria Vidriera del Potosí, S.A. de C.V. perteneciente al Grupo Modelo, donde se les impide a los trabajadores ser representados por el Sindicato Único de Trabajadores de la Empresa Industria Vidriera del Potosí.
Lo relevante es que la empresa de forma descarada se apoye en el gangster sindical de la CROC, Salim KalKach Navarro, y que la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, instrumento de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y que representa al Gobierno Federal, convalide las ilegales e ilegitimas acciones de verdaderos mafiosos jefes de golpeadores. Aliándose con ello a lo más nefasto del sindicalismo, con el sólo propósito de impedir que los obreros elijan libremente a quienes los representarían en la administración de su Contrato Colectivo de Trabajo.
Nuevamente el principal sindicato de la industria minera dirigido por Napoleón Gómez Urrutia vuelve a ser noticia, ante la negativa de la autoridad laboral a otorgar la toma de nota al sindicato minero, bajo el criterio de no cumplir el reelegido dirigente, con ciertos requisitos estatutarios de la organización sindical para poder reelegirse, a saber: no ser de probada honradez y no ser trabajador activo.
Las reiteradas violaciones de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social a la autonomía sindical, hoy se apoyan no sólo en violaciones a la Ley Federal del Trabajo, sino en una interpretación de los Estatutos que rigen la vida interna de la organización de los trabajadores, una interpretación que pone por encima de la voluntad mayoritaria de los obreros mineros e impidiéndoles con ello, a elegir libremente a sus representantes en la organización sindical.
La muerte de una trabajadora en un accidente, el despido de varios trabajadores y la represión hacia quienes demandan sus derechos laborales, además de las amenazas, jornadas extralegales, pésimas condiciones de trabajo y despidos injustificados son algunos males que afectan a los 900 trabajadores de Bachoco, empresa del gobernador de Sonora, Eduardo Tours, por lo que los trabajadores han empezado a realizar paros laborales.
Sin embargo, la posición privilegiada e influencias le dan al gobernador de esta entidad la posibilidad de imponerse sobre las legítimas demandas y derechos de los trabajadores, mientras que las autoridades laborales locales en franca alianza pisotean y afectan a la clase trabajadora, para de ello lograr beneficios políticos y económicos.
La dirigencia del sindicato más grande de América Latina, el SNTE, vienen imponiendo a sus títeres al frente de las secciones sindicales, con la finalidad de lograr construir una organización sindical dócil a los intereses gubernamentales y con ello lograr imponer sus programas educativos acorde a los planes capitalistas.
Ello no ha evitado que las corrientes democráticas al interior y aglutinadas en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, opongan una fuerte resistencia a estas actividades antidemocráticas de los charros sindicales, además de desenmascarar la nueva alianza con el Estado que valga decir, elimina unilateralmente prestaciones y condiciones de trabajo ya adquiridas con anterioridad, en detrimento de la educación publica.
En el debate actual sobre la reforma energética, el Partido Verde Ecologista y el Socialdemócrata se pronuncian por la transformación a fondo del sindicato de Petróleos Mexicanos, toda vez que dicen “urge en el país un proceso que sea ejemplo para revisar la opacidad, clientelismo y corporativismo de los gremios en los sectores públicos, si es amplia la reforma, el sindicato debe ir por delante” según el senador del Verde Ecologista, Francisco Agundis a quien lo secunda por el Socialdemócrata Luciano Pascoe, planteando que “los cambios al gremio de la paraestatal deben enmarcarse en una revisión integral al sindicalismo de México” apuntando que “Tenemos que ir a una reforma a fondo en los gremios, tema que más bien corresponde a una reforma laboral”.
Independientemente de la veracidad de estros argumentos, lo notorio es, que para estos partidos políticos los trabajadores no cuentan, acostumbrados a los acuerdos copulares, desconocen el sentido de las organizaciones sindicales, en las cuales no se debe admitir la intromisión del Estado a su vida interna y cualquier transformación en este sentido, así sea con la mejor de las buenas intenciones, es inadmisible.
Este nuevo auge del movimiento obrero y sindical, donde se inscriben los últimos paros nacionales, la resistencia a la reforma a la Ley del ISSSTE, a la privatización de la industria energética, los procesos de unidad como el Diálogo Nacional, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, entre otros, vienen a plantear a los sindicalistas y trabajadores la necesidad de la reorganización del movimiento obrero.
Por ello las cúpulas del charrismo sindical encabezados por el SNTE y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la Republica Mexicana, de igual manera vienen reorganizándose para plantearse ser los interlocutores favoritos del régimen, pero también para interponer ante el movimiento obrero y sindical democrático un muro de contención que pueda frenar su desarrollo y consolidación hacia la construcción de un Frente Único Proletario.
En el movimiento sindical democrático de igual manera se vienen debatiendo las formas que han de adquirir estos nuevos procesos de reorganización, donde el protagonismo, el oportunismo y el sectarismo deben de ser rebasados.
En estos nuevos procesos para combatir la dispersión y desarticulación actual del movimiento obrero, debe ponerse por delante las necesidades inmediatas e históricas del movimiento obrero y por ello los revolucionarios y comunistas deben de hacerse presentes con el planteamiento de la necesidad de la más amplia unidad de la clase trabajadora, pero también para saber articular estos planteamientos con la necesidad de la organización de clase y revolucionaria al seno del proletariado.
Publicado en Vanguardia Proletaria No.282
Clases sociales necesarias y superfluas
A menudo nos preguntamos en que medida las clases de la sociedad son útiles, casi indispensables. La respuesta naturalmente cambia para cada periodo histórico. ¿Qué clases sociales son las productoras de la riqueza y cuáles viven como parásito a costa de éstas?
Es indudable que hubo un tiempo en que la aristocracia agraria (grandes terratenientes) fue un elemento inevitable y necesario de la sociedad. Empero esto ocurrió hace más de un siglo. Después hubo un tiempo en que la clase capitalista, es decir, la burguesía, surgió también como una necesidad ineludible: lucho contra los terratenientes hacendados, destruyo su poder político y conquistó –al mismo tiempo- la hegemonía política y económica.
Sin embargo, desde que aparecieron las clases sociales no ha habido un momento en que la sociedad haya podido prescindir de la clase trabajadora. El nombre y nivel social de esta clase han cambiado: el siervo sustituyo al esclavo hasta que el trabajador “libre” tomo su lugar. Por trabajador libre hay que entender al trabajador liberado de la servidumbre, así como de toda propiedad fuera de su fuerza de trabajo.
Una cosa debe quedarnos clara: cualquiera que sean los cambios que se produzcan en las capas superiores –no productivas- de la sociedad, ninguna sociedad ha podido jamás vivir sin una clase de productores. Por lo tanto esa clase es necesaria en todas las circunstancias, aunque deba llegar un tiempo en que ya no existirá bajo la forma de clase sino que se extenderá a toda la sociedad.
La función económica de la clase capitalista era crear el sistema moderno industrial y eliminar los estorbos económicos y políticos que frenaban o trababan el desarrollo de este sistema. Mientras la burguesía cumplía esta función era una clase necesaria dada la mencionada circunstancia. Pero el problema es saber si todavía hoy es necesaria. ¿Sigue cumpliendo su función específica que es la de dirigir y ampliar la producción social en provecho de toda la sociedad? Veámoslo.
Actualmente, la dirección de las empresas no está en manos de un capitalista individual, sino en sociedades anónimas de accionistas cuya dirección se confía en “empleados asalariados” que son funcionarios que ocupan, desde todo punto de vista, la misma posición que los trabajadores más altos y mejor pagados entre los obreros.
En lo que se refiere a los directores y accionistas saben muy bien que la empresa o el monopolio funciona mucho mejor si los primeros no se inmiscuyen en la dirección de la empresa y los segundos no se involucran en el control de los negocios. De hecho, un control muy débil y en la mayoría de los casos superficial en la única función que les queda a los propietarios de la empresa. La función social del capitalista ha pasado a manos de agentes remunerados a pesar de que el capitalista continúe embolsándose las ganancias o utilidades que se generan.
El desarrollo económico de la sociedad capitalista tiende a una concentración cada vez más fuerte, a una socialización de la producción bajo la forma de empresas gigantescas que ya no pueden ser dirigidas por los capitalistas privados.
Todas las charlatanerías entorno al “ojo del amo” y de los milagros que cumple, se convierten en un absurdo en cuanto la empresa alcanza cierta amplitud. Imaginemos el “ojo del amo” en los centros de atención al cliente de Telcel en México y el otro en su filial American Movil en Centro, Sudamérica o Estados Unidos; cómo le hará el señor Carlos Slim Helú para dirigir Condumex y todos los monopolios del Grupo Carso (Telmex, Telinor, Red Uno, UniNet, Prodigy, Sears México, Sanborns Hnos., Sección Amarilla, América Mobil, Telcel, Tel Bip, Datum, Aerolíneas Azteca, Condumex y otras) Mas lo que el dueño no puede hacer, los trabajadores y los empleados asalariados de la compañía pueden hacerlo y con éxito
Así pues, en el porvenir el capitalista ya no podrá justificar como “salario de dirección y de control”, porque ya no dirige ni controla nada. Recordemos todo esto cuando los defensores del capital nos martillean con esa frase vacía: “al ojo del amo engorda el caballo”. Los burgueses cada vez menos participan en sus propias empresas más que como parásitos, sin embargo, siguen “engordando sus bolsillos”.
La clase capitalista es incapaz, además, de dirigir el inmenso sistema de producción del país: por una parte la producción ha tomado tal extensión que los mercados están periódicamente abarrotados de mercancías, por otra v se ha vuelto cada vez más inepta para hacer frente a la competencia extranjera. En síntesis, no sólo estamos en condiciones de dirigir la gran industria del país sin la burguesía, sino que su intervención provoca perjuicios crecientes.
Publicado en Vanguardia Proletaria No.282
Una fuerza de trabajo
flexiblemente sobre explotable
El continuo desarrollo de las fuerzas productivas se debe en gran medida a la búsqueda de la maximación de la ganancia por parte de la burguesía. Este desarrollo se refleja en nuevas técnicas de producción, nuevas herramientas y nuevas máquinas, nuevas formas de organización del trabajo, cambios en la división interna del trabajo y en el carácter del trabajo.
Lo anterior sin trastocar la raíz del carácter enajenante del trabajo y las relaciones de producción y circulación, con base en la propiedad privada de los medios de producción.
Claramente podemos observar como a través de la historia han existido diferentes formas de producción capitalista. Primero vimos como logro aumentar la producción al incrementar la productividad por medio de la organización del trabajo de manera racional: “administración científica”.
Después un nuevo impulso a la producción en masa fue el fordismo, que combinándolo al taylorismo, representaba la producción en serie por medio de la creciente mecanización de grandes empresas con muchas líneas productivas, asociadas con la aplicación de la cadena de montaje, la selección uniforme de los componentes y de los productos finales.
Ésta fue la época de los grandes complejos industriales en donde se ejecutaba todo el proceso de producción, desde la modificación inicial de las materias primas hasta sus detalles finales. El obrero se especializaba en cierta parte de toda la producción y se mantenía fijo en un lugar donde llevaba a cabo su función.
Pero el fordismo que había podido sacar de la crisis a los países capitalistas y “salvarlos” del socialismo después de la II Guerra Mundial. Llevaba en su seno la contradicción de la producción en serie (en masa), la crisis de sobreproducción y la disminución de la tasa de ganancia.
Debido a las crisis de sobreproducción y al cuestionamiento de la viabilidad del fordismo comenzó la generalización del toyotismo, los capitalistas han planificando su producción (es planificación individual, a diferencia de la planificación socialista que es planificación estatal) y la han flexibilizado a las demandas del mercado; por ejemplo, producir sobre pedido.
Al obrero también lo han vuelto flexible al sacarlo de la actividad fija y mecánica y convertirlo en “multiusos”, donde debe de conocer diferentes ámbitos de la cadena productiva, sin que quiera decir que tenga que conocer el total del proceso de trabajo, pues el conocimiento de cómo se lleva a cabo tal proceso genera el control sobre éste.
Todos estos cambios en la producción siempre han incrementado la productividad del trabajo, por lo que se puede prescindir de cierto número de obreros por lo que pasan a aumentar el de por sí desproporcional ejército industrial de reserva. Estos trabajadores parados forzosamente, son difícil cuantificarlos ya que entran por necesidad al comercio informal, al ilegal o en última instancia es contratado por las empresas emergentes del sector terciario.
La flexibilización laboral es la más “nueva” y “moderna” de las formas de producción capitalista y de la regulación de su contradicción capital-trabajo asalariado, es también su forma más acabada para la maximización de las ganancias y de acumulación de capitales por medio de la sobreexplotación del trabajo y la precarización de la vida del trabajador.
Si vemos que tienen urgencia, los sectores empresariales, por implementar la reforma en materia laboral, no es porque ya tienen “cosida” la mejor propuesta que les proporcione los mejores beneficios y les de pauta para poder llevar a cabo su tan querida flexibilización del trabajo.
Para la burguesía nunca ha sido un impedimento la ley. Al fin y al cabo la ley protege el derecho a la propiedad privada. La clase empresarial cuenta con “mil y un mecanismos” para “regular” sus practicas evadiendo impuestos, restricciones, deberes y obligaciones, así como con todo un personal “calificado” para desarrollar dichas maniobras.
Pero esas violaciones a las leyes, nos dan cuenta de practicas, no reguladas, cada vez más frecuentes en el mundo laboral y que obedecen a los cambios en la producción y sus subsecuentes cambios en las relaciones laborales, esto es, el cambio de un modelo de producción capitalista a otro modelo de producción (también capitalista), y que es únicamente un cambio en la “forma de producción”, más no en la esencia explotadora. Una forma de producción más ágil para los fines capitalistas, más flexible para sus propósitos. Se trata, pues, de la flexibilización del trabajo, que es una realidad hoy.
Entonces, las propuestas de reformar a la legislación laboral actual son medidas para regular las actuales relaciones laborales, la nueva “forma” que adquiere la contradicción capital-trabajo asalariada: capital monopolista-trabajo asalariado.
De esto podemos concluir que la “reforma laboral” es un instrumento para legitimar y darle mayor ímpetu a la flexibilización laboral que es ya una realidad, también para su realización en los sectores y empresas donde existen impedimentos y “trabas” –sindicatos, contratos colectivos, etc.-, y así entregar de la manera más servil una fuerza de trabajo flexiblemente explotable y condiciones legales óptimas para sobreexplotarla.
Publicado en Vanguardia Proletaria No.281
Formas de organización del proletariado en los centros de trabajo
Podemos concordar en que las formas y los métodos para la organización del proletariado varían en función de las circunstancias que se presentan en el centro de trabajo en cuestión. ¿Pero cuáles son esas circunstancias que influyen en la modificación, alteración o transformación de los métodos y las formas del trabajo al seno de la clase obrera y los trabajadores?
Un elemento primordial es la delimitación de los objetivos, que de manera general podemos ubicarlos como de corto, mediano y largo plazo. Entendidos estos como el marco general para la acción de la organización y no como una barrera, que nos impida el avance por la falta de consecución de los primeros objetivos.
Tal evento debe permitirnos la organización de las tareas, además de traducirse en la forma que adquiera la agitación y la propaganda, evitar el espontaneísmo y el trabajo artesanal, combatir la apatía y el sentido derrotista que se presenta muchas veces en las masas trabajadoras, lograr avances a veces pequeños o grandes, que nos permitan elevar el ánimo y el ímpetu combativo, además de tener una visión amplia de los problemas, como sortearlos y luchar contra la estrechez de miras, el sectarismo, el oportunismo y otros tantos problemas inherentes al desarrollo del trabajo revolucionario al seno del proletariado.
Sin duda el estudio del campo enemigo es primordial para el éxito de nuestros objetivos, que incluye el organigrama de la organización empresarial, del proceso productivo y de sus formas de control, sus esquemas de selección de personal, sus programas de productividad, calidad y eficiencia y cómo influyen sobre la conciencia de los trabajadores, entre otras cosas.
Dichos elementos son fundamentales para los empresarios, pues con ellos minan las posibilidades de organización y por ello no pueden ser pasados por alto a la hora de trazar nuestros planes y no tomarlos en cuenta, significaría lo que se conoce como “dar palos de ciego” toda vez que a la hora de dar los golpes al enemigo se debe tomar en cuenta la posible respuesta y cómo contrarrestar su resultado.
Tomando en consideración que los sindicatos en su gran mayoría, sean los llamados charros, blancos, reformistas, neocharros, etc; se han convertido en aliados de la patronal, pero que estas relaciones han dejado de ser idílicas por los virajes que da el Estado en sus políticas laborales y que muchas veces dejan fuera de sus planes a sus anteriores aliados.
A su vez la política de control obrero no deja de ser impulsada en conjunto con los sindicatos, entonces las relaciones de los patrones con la organización sindical llamemos “oficial”, no puede dejar de ser contemplada, toda vez que esta alianza se contrapone a la organización independiente de los trabajadores, que pudiera mermar no sólo la paz social de las empresas, sino las ganancias producto de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y que sabemos engordan los bolsillos de los patrones y de los seudo lideres sindicales vendidos.
Atendiendo a la cuestión de las relaciones tanto de los empresarios como del sindicato con el poder no podemos dejar de restarle importancia, tomando en cuenta que las relaciones de trabajo, llamadas Condiciones Generales de Trabajo o Contrato Colectivo de Trabajo, legalmente son revisadas por los sindicatos oficialmente reconocidos por la autoridad laboral en cuestión, ello nos lleva a reconocer que por momentos, algunas agrupaciones sindicales se convierten en función de sus intereses particulares, en opositores a ciertas medidas gubernamentales, máxime si no son favorecidos por tales disposiciones.
Ello significa para los sindicalistas democrático-revolucionarios estudiar muy bien estos comportamientos y entonces saber de qué manera aprovechar estas diferencias inter-sindicales que se van estableciendo al seno de la lucha de clases, pero que además decíamos, hace que la relación patrón-sindicato deje de ser idílica como en otros tiempos.
Otro aspecto de particular importancia, son las experiencias de lucha en el terreno donde se actúa. Sin duda la combatividad de los proletarios se difiere dependiendo de la rama de producción que se trate, poniendo como ejemplos el de la industria hulera, automotriz, textil, petrolera, petroquímica, el transporte, etc; donde se han dado a lo largo de la historia grandes luchas y estas son trasmitidas, a pesar de la patronal, a las nuevas generaciones de proletarios que se van incorporando a estas empresas y las cuales son producto de la organización del proceso productivo, de la solidaridad creada por la alta concentración y por la sobreexplotación de los obreros.
Pero, por otro lado, tenemos a sectores emergentes que han venido surgiendo en los últimos tiempos, tales como los llamados telemarketings, oustsorcings, prestadoras de servicios, de limpieza, tiendas departamentales y agencias de demostradoras, administradoras de personal, el comercio, etc.
Lugares donde existe poca o nula experiencia de lucha y organización, resultado del perfil de la fuerza de trabajo que allí labora, pero no por ello de menor importancia, incluso por haber penetrado muchas de ellas por medio de la subcontratación a otras ramas productivas, precisamente por su desarticulación y que no está demás mencionar, muchas de las veces creadas para evitar las prestaciones y la simulación tanto sindical como empresarial altamente demostrado.
Estos elementos deben ser tomados en cuenta a la hora de trazar los planes y las tareas, varían las formas y los métodos organizativos, no por ello debe llevar a rebajar el papel del trabajo organizativo, ni hacerlo superfluo o relajado, simplemente cambia las formas pero no el contenido de la lucha. La organización de los trabajadores en las empresas donde se cuenta con poca experiencia organizativa, se realiza bajo condiciones más adversas y por ello la burguesía se despacha con la cuchara grande.
Al contrario de ello, en las ramas productivas con gran experiencia de lucha, más que enseñarles a los obreros cómo organizarse, debemos retomar y aprender de estas experiencias, sin dejar de analizar los logros y las fallas e introducir en la conciencia espontánea la conciencia de clase, propagando la idea de que la meta no es la organización por la organización, y si bien las conquistas logradas son importantes, sólo es el medio para el desarrollo de otras tareas políticas y para la organización revolucionaria de la clase obrera.
El otro resultado del estudio de las condiciones particulares del centro de trabajo y que hace variar las formas organizativas, es saber reconocer el terreno donde se puede impulsar la lucha legal o ilegal, abierta o cerrada, y conocer los momentos para combinar estos aspectos.
Sin embargo, no podemos por ello olvidar la organización de clase, aún y cuando la forma que adquiera pueda ser democrático-revolucionaria, ello significa no dejar de lado la necesidad de la organización de las células de carácter conspirativo, para conseguir los objetivos de la permanencia de la lucha y de destrucción del sistema burgués, donde las células comunistas construidas con los elementos más avanzados y concientes del proletariado se hacen imprescindibles.
Publicado en Vanguardia Proletaria No. 279
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